Marla y Edy son de Oaxaca. Para quien viene de fuera, Santo Domingo es la postal obligada: la fachada de cantera, el atrio, los órganos del Jardín Etnobotánico. Para ellos es la iglesia de su ciudad. Ahí se casaron el sábado 19 de septiembre de 2026, en plena temporada de lluvias, con calenda a la salida y fiesta en Lisianthus Jardín de Eventos.
Esta es la crónica de ese día, en el orden en que pasó. Las horas no son de memoria: salen de mis archivos.
La mañana, a unas calles del templo
Los dos se arreglaron en el mismo Airbnb, a unas calles de Santo Domingo: una casa del centro con un patio, un árbol en medio y paredes blancas que a esa hora se llenan de sombras de hojas. Una de las primeras fotos del día no tiene a nadie. Es esa luz, y la silueta de alguien que cruza.
Marla andaba en pijama de satín blanco, asomándose por las puertas de madera con sus amigas. Nervios a la vista, ninguno; o si los había, los traía bien escondidos detrás de la risa.
Su mamá estuvo ahí desde temprano, también en pijama. Hay un momento de esa mañana que se ve poco, porque es al revés de como suele pasar: Marla acomodándole la pijama a su mamá. Y unos minutos después, el abrazo.


Del otro lado de la casa, Edy se ponía el reloj.
El primer vistazo
Poco después de las diez, ya vestidos, Edy vio a Marla por primera vez en el patio. Las damas, todavía en pijama, se juntaron detrás con los celulares en alto, alguna hasta de rodillas para que no se le escapara nada. Y Edy se rió como se ríe uno cuando no sabe qué hacer con lo que está sintiendo.


Entre la cantera y los órganos
De ahí salimos caminando. Arreglarse a unas calles del templo tiene esa ventaja: toda la mañana se hace a pie. Hubo retratos contra la cantera de Santo Domingo y el cortejo bajando las escaleras frente a los órganos del Jardín Etnobotánico, cargando entre varios la cola del vestido.
Entre foto y foto, Marla se sentó contra un muro de piedra, descalza, y el equipo de Mari Carmen Junco Wedding Planner le dio un masaje en los pies. Es de esas cosas que no salen en ningún video de planner y que dicen más de su trabajo que cualquier centro de mesa: a las once de la mañana, con todo el día por delante, alguien estaba pensando en los pies de la novia.
La foto de grupo fue en las escalinatas de cantera junto al templo: damas de todos los colores, los padrinos de verde y la piedra detrás.
Siete minutos después, en las mismas escalinatas, Marla se cubrió con un paraguas rojo —todavía no llovía— y por la banqueta de arriba pasó un señor con su bicicleta, a lo suyo. En el centro de Oaxaca una boda nunca está sola: la ciudad sigue pasando por detrás.
Y los padrinos de Edy terminaron recargados en una pared naranja, bajo el letrero verde de un pub irlandés. Oaxaca también es eso.
Santo Domingo, por dentro
A las doce ya estábamos dentro del templo, y a Edy no se le quitaban los nervios. A las 12:07 lo agarré mordiéndose el puño.
Dos minutos después, el sacerdote le dijo algo y Edy soltó la carcajada, con su mamá colgada del brazo y la de Marla riéndose atrás. Seguro el chiste no era para tanto: Edy traía los nervios de punta, y los nervios se salen por donde pueden.
Edy entró con su mamá. Marla, del brazo de su hermano.
Su papá la esperaba adelante, en su silla de ruedas, de traje gris y corbata rosa. Antes de llegar al altar, Marla se detuvo, se agachó y le dio un beso en la frente, y su mamá se inclinó con ellos. Fueron unos segundos, antes de que empezara la misa. Esos momentos no se avisan: o estás ahí, o no los ves.
Santo Domingo por dentro es una exageración en el mejor sentido: la bóveda cubierta de relieves dorados de punta a punta, y el retablo mayor al fondo devolviendo una luz cálida que lo tiñe todo. Para fotografiar, el reto es la escala. La nave es tan alta que la pareja se pierde en ella; desde la entrada, Marla y Edy apenas son dos figuras frente al altar.
A la una y cuatro llegó el lazo, y lo pusieron las dos mamás: la de Marla de un lado, la de Edy del otro.
La calenda
A la 1:19 se abrieron las puertas, y el atrio de Santo Domingo hizo lo que mejor sabe hacer: llenarse en minutos. Las chinas oaxaqueñas salieron girando las faldas, con sus canastas de flores en la cabeza, y Marla y Edy cruzaron la explanada entre ellas.
Las sombrillas blancas de papel eran para el sol, que a esa hora sí pegaba.
Y alrededor, los tiliches: danzantes cubiertos de tiras de tela de colores, con sus sombreros altos de palma, girando mientras a Marla la abrazaba su familia. No son los monos de calenda —esos son las figuras gigantes de novia y novio— y conviene no confundirlos; lo explico con calma en la guía del templo.
Luego la calenda salió a la calle: las marmotas con «Marla y Edy» escrito en grande, los monos de novia y novio meciéndose por encima de todos, la banda, los danzantes con penachos de plumas y, al centro, ellos dos de la mano. Es la foto de la portada.
A la 1:49, de vuelta al pie del templo, las chinas seguían bailando sobre el empedrado con media boda alrededor.
Esa es la ventaja de casarse en Santo Domingo: el atrio es tan grande que la calenda arranca sin haber salido a la calle, y cuando sale, ya trae la fiesta encima.
Lisianthus, y la lluvia
La recepción fue en Lisianthus Jardín de Eventos. Marla y Edy entraron a las 3:20 entre agaves y órganos, con los invitados de pie y los celulares arriba otra vez.
Pasadas las cinco, la pista fue primero de las mamás. Edy bailó con la suya; a Marla, la suya la abrazó como en la mañana, solo que ya sin pijama y con plumas en las mangas.


Y a las 5:14, el primer baile, bajo la carpa, con las luces del piso dibujando ondas a sus pies.
Después, ya no hubo quien parara a las damas.
Ya de noche empezó a llover, y fuerte. La carpa aguantó y la fiesta siguió como si nada. A mí la lluvia me regaló otra cosa: unos minutos afuera con Marla y Edy, un paraguas de cuadros y el agua cayendo a contraluz frente a un muro de ladrillo.
A las once de la noche, la fiesta seguía igual de arriba.
Las horas del día
Para quien esté armando su boda en Santo Domingo, estas son las horas de ese sábado, leídas de mis archivos. No es una regla —cada boda arma su horario—, pero sirve para ver cómo se reparte un día con misa al mediodía y calenda a la salida.
- 8:40Arreglo de los dos, en un Airbnb a unas calles del templo.
- 10:03El primer vistazo, en el patio.
- 10:20Retratos, cortejo y padrinos alrededor del templo y del Jardín Etnobotánico. Hora y media, todo a pie.
- 12:13Entrada al templo.
- 13:04El lazo.
- 13:19Salida al atrio y calenda. Antes de las dos ya iban rumbo a la recepción.
- 15:20Entrada a la recepción en Lisianthus.
- 17:07La pista, primero para las mamás; a las 17:14, el primer baile.
- 20:47Retrato bajo la lluvia. La carpa sostuvo la fiesta.
Marla y Edy se casaron en su ciudad, con su gente, en la iglesia que el resto del mundo viene a fotografiar. Mi trabajo ese día fue estar ahí sin estorbar, que es la misma idea de la que hablo en cómo documento una boda sin dirigir la escena.
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